Sahara Occidental

En el reparto colonial del continente, el Sahara Occidental cayó en manos de España. Durante los años 60 y 70, la mayoría de estos pueblos africanos accedieron a su derecho a la libre determinación y consiguieron su independencia. El pueblo saharaui también debía haber disfrutado de un referéndum de autodeterminación, pero en 1975 una serie de circunstancias bloquearon el proceso. Marruecos quería hacerse con el territorio y presionó a una España inestable, con el dictador Francisco Franco a punto de fallecer.

En 1976 España abandona los territorios que conformaban su antigua colonia del Sahara Occidental, que había sido considerada hasta ese momento como una provincia española más, permitiendo la invasión militar del territorio saharaui por parte del Reino de Marruecos con la conocida “marcha verde”. El 27 de febrero de aquel año, coincidiendo con la salida del último soldado español de los territorios, el Frente POLISARIO proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

A principios de los años 70, siguiendo la ola de descolonización en el resto del continente, los saharauis comienzan a levantarse frente a la ocupación española.

Mauritania acepta su derrota ante el Polisario en 1979 y reconoce la soberanía del pueblo saharaui sobre el Sahara Occidental.

La potencia administradora no cumplió con sus obligaciones y abandonó el territorio, cediéndolo de manera ilegal. Es así que comienza la guerra entre el Reino de Marruecos, la República Islámica de Mauritania y el Frente POLISARIO, que duró hasta 1991. Entonces la ONU, encargada de resolver el conflicto, estableció una misión de paz (MINURSO) para celebrar un referéndum, pero la consulta sigue estancada al día de hoy. La población saharaui que nos va a recibir huyó de aquella guerra hacia el este, y se estableció en distintos campamentos junto a la ciudad argelina de Tinduf, donde permanecen desde entonces.

Los combates entre Marruecos y el Frente Polisario se extienden durante 16 años

Desde aquel fatídico año se inició el éxodo saharaui: han pasado por la frontera entre el Sahara Occidental y Argelia miles de hombres y mujeres  que han abandonado su tierra ante la invasión y consecuente represión marroquí. Quienes consiguieron cruzar la frontera se instalaron en la hammada argelina de la región de Tinduf, “el desierto de los desiertos”. A la escasez de agua, luz eléctrica y alimentos se suman las difíciles condiciones climáticas que tienen que soportar. Saharauis instalaron allí sus jaimas y día a día han ido organizando sus campamentos conjuntamente con la ayuda internacional. Cuarenta años después, son, aproximadamente, 200.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y jóvenes, los y las refugiadas que aún soportan un exilio injustificado, viviendo en condiciones precarias y de extrema dureza en la zona más inhóspita del desierto, sobreviviendo con dignidad y esperando la realización del ansiado referéndum.

Antecedentes

Este territorio lleva ocupado desde 1975 y aún hoy la población saharaui espera en los campos de refugio la devolución de sus tierras, el  Sahara Occidental. El sostén de la población durante el exilio ha sido la solidaridad internacional y la ayuda humanitaria proporcionada por diferentes gobiernos y organizaciones de la sociedad civil de distintos países, pero su situación ha sido vista más como un problema de ayuda humanitaria que como una violación de derechos humanos. Hay que tener en cuenta que la condición de refugio durante cuarenta años ha generado pobreza, dependencia de la ayuda humanitaria que ha sufrido numerosas restricciones y graves consecuencias en la salud de la población. La falta de una salida política y el bloqueo al referéndum han generado un empeoramiento de las condiciones de vida de los y las refugiadas de por sí ya en condiciones extremadamente negativas en la Hamada argelina.

El desierto de los desiertos. A la escasez de agua, luz eléctrica y alimentos se suman las difíciles condiciones climáticas que tienen que soportar. Los y las refugiadas saharauis instalaron allí sus jaimas y día a día han ido organizando sus campamentos conjuntamente con la ayuda internacional.

Cuarenta años después, son, aproximadamente, 200.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y jóvenes, las personas refugiadas que aún soportan un exilio injustificado, viviendo en condiciones precarias y de extrema dureza en la zona más inhóspita del desierto, sobreviviendo con dignidad y esperando la realización del ansiado referéndum.