Sahara Occidental

El Sáhara Occidental, una tierra rica en recursos naturales incluyendo fosfatos y pesca abundante, está situada al sur de Marruecos, al norte de Mauritania y al oeste de Argelia. Su larga costa se extiende a lo largo del Océano Atlántico y su población originaria es la saharaui. Actualmente es uno de los 17 territorios del mundo catalogados por Naciones Unidas como «no autónomos».

Conocida como la última colonia africana, el Sáhara Occidental estuvo bajo el dominio español hasta 1975, cuando España se retiró del territorio y permitió que Marruecos y Mauritania lo invadieran. Marruecos acompañó la invasión militar con una campaña de repoblación a gran escala conocida como la Marcha Verde, y cientos de miles de civiles marroquíes se asentaron en el territorio con la promesa de incentivos financieros. Unos días después de la invasión, el Secretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, presionó por privado al Consejo de Seguridad de la ONU para que celebrara un voto amañado que evitara críticas hacia Marruecos, su aliado histórico. La Administración Ford trabajó en la sombra para apoyar la pretensión marroquí sobre el territorio.

Conocida como la última colonia africana, el Sáhara Occidental estuvo bajo el dominio español hasta 1975, cuando España se retiró del territorio y permitió que Marruecos y Mauritania lo invadieran.

El gobierno marroquí lanzó una campaña de represión que se ha extendido durante décadas, con torturas, desapariciones, asesinatos y otras violaciones de DDHH contra saharauis a favor de la independencia que viven en el territorio ocupado. Miles de saharauis huyeron de la invasión y se adentraron en el desierto, dejando atrás familias y hogares. Marruecos les bombardeó con napalm y fósforo blanco desde aviones de guerra de fabricación francesa. Estos casos de asesinato, torturas y desapariciones sentaron la base de una querella por genocidio presentada por víctimas saharauis ante la Audiencia Nacional de España.

La población saharaui que huyó al exilio se asentó en el Desierto del Sáhara cerca de la ciudad de Tinduf, en el suroeste de Argelia, en una zona cedida por el gobierno argelino. Las mujeres construyeron y organizaron los campamentos de refugiadxs, mientras que la mayoría de los hombres se unieron al Frente Polisario, el movimiento de liberación saharaui, y entraron en guerra con Marruecos. El ejército de Marruecos, con el apoyo militar de EEUU, desplazó al Polisario hasta el desierto oriental del Sáhara Occidental y construyó el segundo muro más largo del mundo con la ayuda de las compañías armamentísticas estadounidenses Northrup y Westinghouse. Esta barrera fortificada de 2.700 km de longitud, patrullada por 150 mil soldados marroquíes y con unos 7 millones de minas terrestres, divide a saharauis que viven bajo ocupación marroquí de sus familiares exiliados en los campamentos de Tinduf.

En el Sáhara Occidental se encuentra el segundo muro más largo del mundo. Esta barrera fortificada de 2.700 km de longitud, patrullada por 150 mil soldados marroquíes y con unos 7 millones de minas terrestres, divide el territorio en dos.

Mauritania se retiró del Sáhara Occidental en 1979. La guerra entre el Polisario y Marruecos terminó en 1991 con un acuerdo de alto el fuego negociado a través de Naciones Unidas y la promesa de un referéndum «libre y justo» sobre la autodeterminación para el pueblo saharaui.

Desde entonces, Marruecos ha bloqueado todos los intentos de organizar dicha votación, y el Consejo de Seguridad de la ONU ha rechazado aplicar su propio plan de referéndum y permitir que su misión de mantenimiento de la paz, conocida como MINURSO, supervise la situación de los derechos humanos en el territorio, una demanda clave de saharauis y de organizaciones internacionales de derechos humanos. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reúne cada año para renovar el mandato de la MINURSO, fecha en la que el pueblo saharaui suele tomar las calles para exigir la adopción de la vigilancia de los derechos humanos y la celebración del referéndum.

La mitad de las y los saharauis todavía vive en el Sáhara Occidental ocupado, donde prácticamente todas las organizaciones de derechos humanos saharauis están prohibidas, y sufre una dura represión. Rara vez se permite la entrada de medios de comunicación internacionales y observadorxs de derechos humanos. En 2010, decenas de miles de saharauis establecieron un campamento de protesta llamado Gdeim Izik a las afueras de la ciudad de El Aaiún para manifestarse contra la ocupación, una acción que se anticipó a las revoluciones en el resto de la región árabe. Fue desmantelada violentamente por la policía marroquí. Marruecos posteriormente juzgó a 24 activistas saharauis de instigar la violencia, condenándoles a décadas de prisión tras confesiones obtenidas bajo tortura.

Marruecos ha dispersado a los presos políticos de Gdeim Izik a prisiones por todo su territorio, alejándoles de sus familias. Participan en huelgas de hambre periódicas para protestar por sus condiciones, y la población saharaui, liderada por las familias y asociaciones de presos, a menudo se manifiestan en las calles pidiendo su libertad.

En los campamentos de población refugiada las condiciones de vida son muy duras: las y los saharauis soportan temperaturas extremas, viven en terrenos áridos y carecen de infraestructura y de servicios básicos como agua potable y saneamiento. La población, casi la mitad de la cual es menor de edad, tiene pocas oportunidades de empleo y depende de la ayuda humanitaria internacional para sobrevivir. La mayoría nunca ha estado en su tierra originaria.

Actualmente ningún país reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, uno de los lugares más inaccesibles del mundo. Naciones Unidas y la Corte Internacional de Justicia, así como especialistas jurídicos internacionales, coinciden en que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio no autónomo, pendiente de descolonización.

Sin embargo, Marruecos sigue explotando los recursos naturales del territorio sin el consentimiento del pueblo saharaui. A través de acuerdos comerciales entre Marruecos y la Unión Europea, Rabat exporta mariscos, fosfatos y productos agrícolas, a pesar de las sentencias de los tribunales internacionales que prohíben específicamente la comercialización de productos del Sáhara Occidental sin el consentimiento específico de sus legítimxs propietarixs — el pueblo saharaui.