«Si han tenido que pasar 27 años para que el pueblo saharaui tenga derecho a ver películas en una pantalla grande, ¿cuánto tiempo tendrá que pasar para que obtengan la libertad?». Así comenzaba su crónica de la I edición de FiSahara en 2003 el periodista de El Periódico Nacho Para, que nos recordaba entonces que el campamento de refugiadxs que acogía la muestra, el de Smara, era «el campamento de refugiados más antiguo del mundo, a 50 kilómetros de Tindouf (Argelia), en el más inhóspito de los desiertos».

Cartel oficial de FiSahara 2003

«Nunca el cine tuvo un público tan puro. Nunca el cine tuvo tanto impacto emocional». La emotiva crónica de Para, uno de los periodistas que en años sucesivos más implicación tendría con el festival de cine, reflejaba cómo FiSahara no nació como un evento más. El tópico de que en esta muestra la alfombra roja son, en realidad, las dunas del desierto cobraba todo el sentido. Aquella primera edición contó, incluso, hasta con un estreno en exclusiva: Cuentos de la guerra saharaui, del director  Pedro Pérez Rosado, que escogió aquel escenario y no ninguna sala española para la puesta de largo de su cinta.

Aquella sería una de las más de 20 películas subtituladas en árabe que se proyectarían bajo las estrellas del desierto. La actriz Silvia Munt sería la encargada de inaugurar aquella primera edición (imagen superior, de Iker Amas), destacando que aquel era el inicio de un camino largo cuyo objetivo principal era «recordar el drama de esta población y llevar a los políticos una única verdad, la del pueblo saharaui».

La actriz y directora catalana, que trajo a FiSahara su película Lalia, Goya al Mejor Documental en 2000, afirmaba entre haimas que «se hace necesario involucrar nuestro cine con el de ellos para que en el futuro puedan rodar sus propias películas, contando con su gente como actores«, tal y como nos contó Enrique Rojas en el suplemento cultural Pleamar de Canarias 7 (más abajo), en el que se puede leer el texto íntegro del manifiesto del festival.

FiSahara_ElPeriodico2003

 

Diego Galán, por su parte, relataba en su crónica para El País cómo se «había instalado una pantalla gigante al aire libre para las proyecciones que, durante tres noches frías y espectacularmente estrelladas, arrastraron a la población. Había también un ámbito cubierto, provisionalmente acondicionado para el cine, que se usaba en las horas de luz y de fuerte calor». Todavía hoy resulta emocionante leer cómo «a su reclamo, especialmente por las noches, se arremolinaban gentes de todas las edades, en su mayoría niños y jóvenes nacidos ya en el campo de refugiados del que muy pocos han salido jamás».

Proyección infantil – Andrea Comas.

Relata Galán en sus textos cómo no sólo se trataba de ver cine, algo que buena parte de ellos no habían visto en toda su vida, sino que también asistían con asombro a aquel trasiego social, «perplejos ante lo que estaba pasando por vez primera en aquel páramo inhumano, más aún durante estos sagrados días del Ramadán».

Una perplejidad que era mutua, porque todxs lsx invitadxs españolxs, alojados en las haimas con las familias saharauis, vivían en primera persona la bondad, la solidaridad de un pueblo como el saharaui al que han intentado dejar sin nada y que, a pesar de ello, entrega todo cuanto tiene a sus huéspedes.

FiSahara_Pleamar2003

Premios y mesas redondas

Aunque fueran simbólicos, el festival también contó con sus premios. El jurado popular se compuso por medio centenar de personas representativas de cada uno de los campamentos de refugiadxs que acudieron a la cita. La gran triunfadora, merecedora de la Rosa del Desierto, fue El Bosque Animado, de los directores Ángel de la Cruz y Manolo Gómez. Esta película de animación -no confudir con el mítico largometraje de José Luis Cuerda- consiguió emocionar a los más pequeños.

Cartelera de FiSahara 2003

Por su parte, El otro lado de la cama, del realizador Emilio Martínez Lázaro, se hizo con una mención especial por su alta calidad cinematográfica y por la destacada interpretación de todos sus actores.

Participantes de las mesas redondas – Antonio Rojas.

Por otro lado, FiSahara también celebró distintas mesas redondas, en las que personas llegadas de diferentes países abordaron una amplia temática, más allá incluso del debate acerca del presente y el futuro del cine en el Sáhara. Ya entonces, aquel foro sirvió para poner encima de la mesa el papel de la mujer en el séptimo arte o la relación entre las películas y la realidad, ya desde la ficción, ya desde el documental.

Laia Marull y Candela Peña con el cartel de Te doy mis ojos

Terminaba aquella edición con la música de Fermín Muguruza, en mitad de un ambiente festivo y, ciertamente, agridulce. Contaba Rojas en Pleamar que «en la última velada, un pequeño saharaui se preguntaba «¿y cuántas noches quedan?», quizá pensando en que el certamen aún continuaría algunos días más y él podría disfrutar junto a sus amigos de otras proyecciones. O quizá con la mente puesta en la vuelta al territorio del Sáhara Occidental, una cuestión para la que hoy, casi tres décadas después, aún no hay respuesta».

Y concluía Galán en El País: «A la hora de la despedida, se veía conmovidos a los visitantes diciendo adiós a sus familias, con la congoja de dejarles allí olvidados de casi todo el mundo, viviendo su quimera improbable o, al menos, muy lejana en el tiempo». FiSahara y toda su familia nunca olvidan. Sirva de muestra este testimonio que iniciábamos ayer y los que vendrán…